VOYEUR

Sólo miró por el ojo de la cerradura. Eso bastó para comprender que las cartas habían cambiado. La baraja era otra.
Parpadeó una, dos, tres veces antes de incorporarse y suspirar y sentir cómo el corazón comenzaba a bombear más sangre de lo habitual. Sentir cómo la sangre se deslizaba dentro de su cuerpo buscando desesperadamente adonde ir. Escuchar el retumbar de los latidos. Su vida no pasó delante de sus ojos. Sus ojos estaban demasiado ocupados en retener las lágrimas. La ira las empujaba y su honor las retenía.
Sin dejar de mirar la puerta, dio un paso hacia atrás. Lento.
Parpadeó.
Caminó por el pasillo, llegó hasta las escaleras, bajó un escalón y miró atrás. Observó, como nunca había echo, cada detalle. Las paredes blancas, muy blancas. Los cuadros y las fotos, todas monocromo. Austero. Los pocos adornos no llenaban, sólo dibujaban algún detalle contra el fondo. La escalera de madera daba un poco de vida al ambiente. Pero nada más.
Bajó decididamente, sin volver la vista atrás. Nunca más.
Salió a la calle, cerró la puerta, limpió el picaporte y caminó hacia la oscuridad...

®ale panno 2007

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EL DÍA PARA MORIR

Ese día, por más que algo le decía que las cosas iban a salir mal,
que podría volver a la cárcel que había dejado ocho meses atrás, que podía morir, que nada volvería a ser igual que antes... (
SIGUE)
por ROLANDO LÓPEZ®


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CRÓNICAS DE UN PATAEPERRO

VERANO 5



Funes no se cansa.
Es un mundo en sus zapatos.
Es Mendoza el corazón.
Es la montaña.
Funes va y viene.
Siempre está partiendo. Siempre está llegando.
Ten el mate siempre listo.
Puede ser Funes que está de paso.
Es uno de los responsables de que este Planeta tenga algo de Bonito.
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OSCAR OLEGARIO OCHOA: PISTOLERO

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El 13 de Junio de 1973 a la
s 7 de la mañana, el detective chileno Solón Salas Fuentealba pateó la puerta de la habitación donde se hospedaba el argentino Oscar Olegario Ochoa en la posada "La Quintrala" a unos 30 kilómetros de Viña del Mar. Salas creyó que el pistolero y asaltante de joyerías dormía. Pero se equivocó. Ochoa, también conocido como "Cacho" o "El Mendocino", lo estaba esperando. Ni bien la puerta se hizo trizas, Salas recibió tres balazos en distintas partes del cuerpo; el último en la cabeza. (SIGUE)
por ROLANDO LOPEZ®

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AL PALO MÁS LEJANO...

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Salimos a la cancha ganando.
Sólo nos servía ganar ESE partido. Un empate nos dejaba fuera y, a los dos minutos, ya les habíamos metido uno. (
SIGUE)
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