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Sus primeros
pasos
Osvaldo Olegario Ochoa era de acuario: había nacido en las afueras
de Córdoba, el 11 de febrero de 1939. Antes de cumplir los 18 años
se trasladó a la capital de su provincia, donde comenzó con sus
primeros atracos. En la división de Investigaciones de la Docta lo
tenían divisado en tres causas por robo calificado a joyerías y
bancos y sus horas en ese sitio estaban contadas.
Se sabe que llegó a Mendoza a fines de 1967. Es muy probable que
haya venido solo, aunque no hay registros de su llegada. Su
instrucción secundaria, su buen aspecto -"era fachero", coinciden
quienes lo conocieron-, más su inocultable buen gusto a la hora de
comprarse ropa, lo alejaban a kilómetros de su verdadera esencia de
bandido. Además, Oscar había trabajado como ayudante de un joyero
en Córdoba, donde aprendió los secretos básicos acerca de alhajas,
rubíes y amatistas; conocimientos que intensificó con sus golpes a
joyerías, su especialidad.
En Mendoza se lo recuerda más que nada por sus incursiones
nocturnas. Siempre acompañado por bellas mujeres y en autos caros,
Ochoa engañaba a la gente con estafas delicadas. Desde 1968 hasta
1972 vivió en distintos departamentos del centro mendocino. Los
archivos policiales lo tienen como "sospechoso" de haber
participado en algunos atracos a bancos, pero nunca hubo pruebas
contundentes como para atraparlo. En la división de Investigaciones
sólo figura por posesión de una buena cantidad de billetes ley
18.188 falsos. En realidad se los habían encontrado a su compañera:
una adolescente de 15 años a la que le había arrebatado el corazón
y la inocencia. La chica -hoy una mujer de 49 años- fue apresada en
uno de los locales de la galería Tonsa. Ella se llamaba María del
Carmen y su apellido se mantiene en reserva porque en la actualidad
vive en Mendoza, está casada y tiene hijos tan tiernos y
adolescentes como cuando ella era la novia de "Cacho" Ochoa, a
finales de los '60.












