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Secuestrar al cónsul de Cuba
"Cacho" tuvo muchas reuniones con sus empleadores pero enseguida
supo que el tema de la fuga no sería de un momento para otro. Que
había que planearla y hacer un seguimiento de los acontecimientos:
algo demasiado complicado para un hombre que no tenía la costumbre
de quedarse quieto, ni mucho menos de esperar.
En los archivos criminales de Carabineros en Santiago de Chile,
Oscar Olegario figura también como el "cerebro" de una maniobra
que, de haberse concretado, hubiera provocado un escándalo de
ribetes internacionales: el secuestro del cónsul cubano en
Santiago, Mario Garopia.
Hay que recordar que a principios de los '70s, el gobierno
socialista de Salvador Allende había logrado una suerte de comunión
con la Cuba comunista de Fidel Castro.
De todos modos, el secuestro que estaba planeado para principios de
1973 nunca se llevó a cabo. La policía chilena accedió a
documentación que comprometía a Oscar Olegario, pero la maniobra se
frustró "por razones que se desconocen", según se lee en los
amarillentos archivos de los carabineros.
El argentino "culto, simpático y agradable", tal como lo definían,
comenzó a matar el tiempo con asaltos a joyerías, bancos y casas
lujosas. Para eso hizo una sociedad con compañeros chilenos y no
tardó demasiado en convertirse en el líder. Mientras tanto, no
dejaba de lado su costado elegante: se compraba las mejores ropas,
vivía en departamentos caros que alquilaba por lapsos de seis meses
(los que pagaba por adelantado) y se dejaba ver al lado de chicas
lindas cuando la noche caía sobre la capital Chilena.












