¿TE VENÍS AL (side)BAR?
AL PALO MÁS LEJANO
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"Es preferible una decisión mal tomada a un instante de duda" Jorge Valdano


Salimos a la cancha ganando. Sólo nos servía ganar ESE partido. Un empate nos dejaba fuera y, a los dos minutos, ya les habíamos metido uno. El sol de las tres de la tarde caía sin compasión sobre nuestras encendidas cabezotas. La brisa refrescaba de a momentos, pero no alcanzaba. Faltaban quince minutos (¡quince!) para que mi equipo, El Fortín de La Consulta, ganara esa final tan ansiada... El premio más deseado: jugarnos el campeonato interdepartamental contra Gutiérrez de Maipú, que ya estaba clasificado... ¡Y estábamos a doce minutos de la gloria!
El partido había sido una lucha permanente. Habíamos raspado tibias y peronés hasta sacarles brillo. Las nuestras también brillaban... Un gol tempranero de visitante acarrea muchos problemas y más cuando el otro equipo es el favorito...
...Teníamos entre ocho y diez años y hacía ya dos temporadas que jugábamos juntos. Nos conocíamos muy bien, y eso nos había traído hasta aquí:
a diez minutos del final de nuestro partido más importante
Estábamos ganando la semifinal al poderosísimo Tiro Club de Tunuyán... Un equipo con sistema de juego fijo, un típico 3-4-3, mientras nosotros manteníamos un esquema móvil y fluctuante, un sistema cambiante... Digamos, un esquema "ameba", que pasaba del clásico 4-2-4 (antes del pitido inicial) a un anárquico "Todos-tras-la-pelota" un minuto más tarde... Al Tiro Club...¡Un equipo con camisetas y todo! Creo que eran amarillas, no recuerdo bien, después de todo, fuera cual fuera el color de su bandera, le íbamos ganando igual... ¡Y eso que ellos tenían los botines Sportlandia! ¡esos que en la tele, el Ratón Ayala nos recordaba que "en Europa no se consiguen"! Si, los mismos...
Bue, nosotros también teníamos nuestras camisetas. Eran negras y tenían un dibujo en blanco, que nunca supimos bien qué era porque estaba gastado, pero en algunas se leía algo así como Campeonato Evita, torneo que se había jugado hacía ya como diez años... es decir, nuevas no eran, sólo negras, y alguien las había
guardado (vaya a saber qué oscuras intenciones lo llevaron a hacerlo...)
Faltaban ¡seis minutos! y estabamos ganando... Al partido ya lo teníamos dominado -prácticamente-. Era un ir y venir del balón por la línea de volantes (sin que eso significara "poder absoluto", mientras la tuviéramos nosotros estaba todo bien). El cuero iba y venía. Yo estaba atrás, en la soledad del último hombre, soñando...
Al igual que muchos de mis amigos, siempre me flotó por la cabeza, la imagen de la gloria... de la Gran Jugada... De mi cara en los posters, en las habitaciones de otros niños como yo... Con mi boca llena de gol... Con la camiseta de Boca transpirada (como debe ser) y una Bombonera tronando mi nombre a rabiar... Con la albiceleste hecha piel y el esférico girando -obediente- entre mis pies... Y mi GOL en la tapa de la Goles o de El Grafico... ¡Y este era el momento!... Cuatro minutos, viejo... ¡Cuatro Minutos!.
A pesar de mis sueños -los goles, las revistas, la bombonera...- el Quique, nuestro Chamán, el
embrujador-de-niños-con-los-dedos-al-aire... o sea, nuestro DT me ponía siempre de dos ("...de dos a dos y cuarto", como se burlaba mi amigo el Roly...), el último hombre... el bastión final... el guardaespaldas del equipo... el infranqueable... ¡el quebrantahuesos!... Tenía que ser RAPAZ... Sólo pasaba la pelota o el jugador... Juntos ¡NUNCA!
Y haciendo caso de dicha ley, el ocho de ellos experimentó la terrible ecuación pasión+falta de tacto+destiempo que le apliqué a la altura de la rodilla, sobre la medialuna de mi área, al final del primer tiempo cuando, en un contraataque feroz el gordito, con el infinito en la espalda, la traía como los indios... Los ojos inyectados en sangre y todos sus kilos -que eran muy superiores a los míos- lanzados, en uno mas de otros tantos ataques lacerantes...
Entró en mi zona a una velocidad demencial... Me hizo temer -por unos segundos- hasta que escuché a mi arquero, el cancerbero, el Guardián de los Infiernos, El Amo de Llaves de la Oscuridad del Fondo de la Red... el Jorge, ordenar -más
que gritar- ¡¡¡QUEEEBRAAALOOO!!!...
Sólo recuerdo cómo el espíritu de Mouzo y la mala leche del Mostaza Merlo se adueñaron por una fracción de segundo de mi cuerpo... Y obedecí. (Luego supe que fue una forma de decir "que no pase"...)
El partido estuvo detenido como diez minutos, hasta que se llevaron al gordito -Carlitos, me enteré que se llamaba- en una improvisada camilla...
¡Dos Minutos!... Si, dos minutos y la gloria... Y la pelota iba y venía
entre nuestros volantes y delanteros... (En mi cabeza resonaban los "ooooleeeee" de una bombonera hasta el culo...).
Les estábamos haciendo "el loco" a los del Tiro, teniendo y reteniendo el balón "
para hacer tiempo ¿viste?", tal y como nos había enseñado el Quique, pero a los tunuyaninos no les interesaba hacer tiempo (¿viste?) porque no querían perder, y menos contra nosotros, que jugábamos con zapatillas... pero el baile que les estábamos pegando ya no se los quitaba nadie.
Me llega la pelota a sólo sesenta segundos, nada más... Para no arriesgar, se la paso al arquero -el Jorge-, para que la reviente hacia adelante, pero no lo hizo, me la volvió a pasar justo cuando yo salía del área grande, entonces, como lobos hambrientos se me vinieron el siete, el nueve (el ocho ya no estaba), el diez, el once y seguro que algún otro... ¡Y yo con la pelota entre los pies, sólo contra todos ellos!... Yo, el infranqueable... el quebrantahuesos... el que ahora dudaba... Y el balón, en momentos de duda ¡ARDE!
Y, por fin, mi cancerbero gritó:
"¡PASAAALAAA!"
y faltaban diez segundos...
(nueve...)
y lo miré... y medí...
(ocho...)
y vi que los furiosos estaban ahí, no más, buscando mis piernas o la
pelota, nunca lo supe...
(siete...)
y pisé la pelota, tranquilizándola...
(seis...)
y ví que estaba lejos para un toque...
faltando cinco, salió el zapatazo, VIOLENTO, de derecha, con los tres dedos externos -como le pegaba Félman- y la pelota comenzó a despegarse del piso y se elevaba, y el Jorge
comenzó a retroceder para ganar terreno y la pelota, dibujando una bellísima curva de adentro hacia afuera, se alejaba de mi arquero que voló como los mejores, como Gatti o Fillol o Yashin de un palo a otro, con lo brazos extendidos buscando ese balón que giraba y giraba por el aire... Y se le alejaba...
Entró en el ángulo derecho, donde habitan las arañas. Pocas veces he visto un gol de semejante factura, de tal calidad... desde afuera del área... al ángulo... al palo más lejano...
Nadie me escuchó gritarlo y nunca más volví a hacer un golazo semejante.
Nunca más.

ALE PANNOCCHIA®(1985)